Las bibliotecas son los faros del amor: hablemos de las bibliotecas de las cosas, de compartir y de más... cosas
Hoy os traigo una entrada con un tema que sinceramente me ha hecho mucha ilusión de descubrir y me ha dejado el corazón calentito. Y es que qué tema más bonito tenemos esta semana, nada más y nada menos que las llamadas "bibliotecas de las cosas".
«¿Y esto qué es?», os preguntaréis, seguramente. No te preocupes, también era mi primera vez leyendo este término. De hecho he aprendido de esto en una publicación muy interesante que nos ha proporcionado la profesora Nieves: os la dejo aquí. Las bibliotecas de las cosas se tratan de un concepto nuevo de biblioteca en el que no solo se prestan libros, sino que se ha empezado también a hacer préstamo de... bueno, ¡de cosas! Telescopios, moldes para tartas, esquís, herramientas... Distribuidas a día de hoy por casi todo el mundo y muy concentradas en Estados Unidos, estas bibliotecas son, en pocas palabras, comunidad en estado puro.
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| Un ejemplo de biblioteca de las cosas en Morden, Reino Unido. Extraída de: |
¿Las bibliotecas son solo para libros? Bueno, podréis ir adivinando ya lo que opino por la forma en la que hablo de las bibliotecas de las cosas. Es difícil ocultar lo que me gustan. Denise van Zanten, directora de la Biblioteca Municipal de Manchester (en Universo abierto, 2022) tiene las palabras perfectas para ayudarme a defender esta opinión: «Las bibliotecas siempre han sido muy creativas a la hora de responder a las necesidades de sus comunidades». Sea la lectora purista del contenido de las bibliotecas o no, una no puede ignorar el inmenso valor que tienen estas en sus comunidades (¡son verdaderos centros neurálgicos!) y el cuidadoso cariño que reciben a cambio de las personas usuarias y trabajadoras.
Si la comunidad de una biblioteca tiene una necesidad y la biblioteca puede suplirla... ¿por qué no hacerlo? Minty Atwood, directora de la Biblioteca Abbott, en Sunapee (en Universo abierto, 2022) habló ya sobre la misión bibliotecaria y cómo esta no se ve afectada ni mancillada por el concepto de las bibliotecas de las cosas: «Parte de la visión de una Biblioteca de Objetos es la idea que informa todo lo que hacemos como bibliotecas: la igualdad de acceso». Y dijo también: «Una biblioteca pública consiste en compartir recursos». Es una declaración desde luego lacrimosa, a mí me llena de emoción ver que existe este espíritu en el mundo. Podría escribir párrafos y párrafos detallados sobre cómo este tipo de iniciativas y actitudes son la columna vertebral de la calidad de vida del ser humano en los tiempos que corren, pero también puedo resumirlo todo en que simplemente es algo bonito. Es precioso, incluso.
| Otro ejemplo de biblioteca de las cosas con diversos objetos, desde utensilios de cocina a instrumentos, pasando por aspiradoras. Extraída de: https://www.thealternative.org.uk/dailyalternative/2019/8/23/library-of-things |
Lo mejor de todo, a mi parecer, es que las bibliotecas de las cosas no solo comparten libros y objetos, sino felicidad, recuerdos inolvidables, te echan un cable cuando te hace falta... Ponen al acceso de cualquiera, que antes no lo hubiera podido tener, cosas que pueden parecer tan tontas como una cámara de rastreo para ver qué animales hay en el vecindario, o un telescopio para ver las estrellas, o un juego de mesa, o un reproductor de CDs... Estas tendencias en los usuarios nos hablan de un interés por la cultura innato, una curiosidad en continuo desarrollo, un potencial en el que siempre merecerá la pena confiar. Eso veo yo que hacen las bibliotecas: confiar en el ser humano.
Confiar de esta manera a cambio de nada más que saber que se está difundiendo un recurso o una información es, opino, una forma muy pura de amor. Las bibliotecas siempre me han parecido un foco de conocimiento, los centros de sus comunidades y verdaderos faros de amor. Pero... ¿Faros? ¿Por qué faros? Porque estos lugares, como los faros propagan luz a su alrededor, abren sus puertas y sus recursos y contagian lo que les rodea de amor y de confianza. Incluso podríamos decir que igual que los faros, las bibliotecas salvan vidas, están ahí para ayudar si sabes apreciar y entender su luz. («¡Ah, claro! ¡Ahora lo entiendo todo!»).
¡Pero no nos pongamos tan románticos (del siglo XIX)! Atwood (Universo abierto, 2022) también dijo muy amablemente: «Ayudar a la gente con cosas que no pueden permitirse o que no quieren comprar es algo divertido». Porque al final del día, ¡qué mejor que disfrutar de la vida! Por eso es importante que exista este tipo de concepto bibliotecario. ¡Nos viene bien a todo el mundo!
Como no me quiero enrollar mucho más, os dejo para la interesada en el tema un par de artículos sobre este fenómeno en España: en Madrid y en Barcelona.
Universo Abierto. (13 de diciembre de 2022). Bibliotecas de las cosas, las bibliotecas ya no son sólo para libros. Universo Abierto. https://universoabierto.org/2022/12/13/bibliotecas-de-las-cosas-las-bibliotecas-ya-no-son-solo-para-libros/

¡Buenas Sam! Muchas gracias por hablar de esta genial propuesta, no la conocía y me ha parecido suuuper innovadora y útil. También me ha encantado la forma de describir la iniciativa, como un faro que ayuda a todo el que lo necesite. Desde luego que tienes un don para la escritura. Lo único que me pone triste es que no haya más bibliotecas de las cosas cerca de nosotros, por Sevilla, pero todo es cuestión de tiempo.
ResponderEliminar¡Siempre podemos abrir una nosotros!
Eliminar¡Hola, Sam!
ResponderEliminar¡¡Qué entrada tan preciosa!! ¿Sabes? Una vez me dijo Cinta que una de las mejores maneras de conocer a una persona es leer lo que escribe. Esta entrada en concreto creo que me ha permitido conocerte un poquito más ¡menudo corazoncito tienes! De verdad que me ha encantado la manera en que has transmitido lo que te transmiten a ti estas maravillosas bibliotecas, y esa bonita comparación con el faro. Preciosa. Desde luego, me has dejado con ganas de investigar más :) echaré un vistazo a los enlaces que nos dejas en cuanto tenga un poquito de tiempo.
¡¡Ansiosa por leer más entradas tuyas!!
¡Gracias, Rocío!
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